Musiquita para acompañar: Nobuo Uematsu – Matoya’s Cave.

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Explicaciones y enlacines: Comienza la segunda saga larga de Los Jevivoladores, Los Jevivoladores Salvajes. La tira era originalmente mucho más ancha y corta, pero para ajustarla a WordPress la he recortado, y puesto a lo largo. Creo que no pierde demasiado, e incluso en cierto modo me gusta más así.

Se da la tercera pista de por qué los Jevivoladores volvieron del Infierno disfrazados como los Village People, con lo cual ya se puede deducir la historia completa.

Ayotam es una referencia descarada a Matoya, la bruja de Final Fantasy I, al que había jugado por aquella época. Poner su nombre al revés es a su vez una referencia a las escobas de Matoya, que dicen mensajes bastante útiles para el jugador, pero escritos al revés.

El animal en el que se transforma cada Jevivolador dista de ser casual.

Vieri se convierte en pato. No es la primera vez que se da la asociación. Viene a raíz de que una vez le dio por teñirse el pelo con un amarillo chillón, con lo que comenzamos a llamarle “patito” y “pollito”.

Kalitro se convierte en conejo por su afición a Usagi Yojimbo.

Poli se convierte en cigüeña. Es el único personaje al que no sabía qué animal asignarle. Yin sugirió una langosta crustácea, pero no terminaba de convencerme y Mono soltó que debería ser una cigüeña risueña. Daba un poco más el tipo y lo de risueña me hizo gracia (tanto que lo usaría para un chiste posterior).

Tete se convierte en seta por… er, cosas.

Boran se convierte en pulpo por su afición defensa a ultranza de estos animales a los que admira y proponía como próximos herederos de la Tierra.

Yin se convierte en pingüino (¡eh, dos animales con diéresis, molamos!) por la mascota de Linux, Tux. De hecho más de una vez le hemos regalado muñecos de pingüinillos.

Ionicboy se convierte en camaleón porque desde siempre ha sido aficionado a ellos, junto a los escorpiones.

Y finalmente Mono se convierte en… sorprendentemente, en mono.

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